Paradojas presentadas en los estudios de los indigenistas científicos Antonio Santiana y pablo Arturo Suárez

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR

  PARADOJAS PRESENTADAS EN LOS ESTUDIOS DE LOS INDIGENISTAS CIENTÍFICOS ANTONIO SANTIANA Y PABLO ARTURO SUÁREZ

 Por: Belén García y Francisco Carvajal 

 En el presente trabajo se analizarán algunos textos de Antonio Santiana y Pablo Arturo Suárez para identificar sus propuestas sobre el indigenismo científico y hace énfasis en los elementos paradójicos encontrados, tomando la propuesta de Kim Clark expuesta en “La medida de la diferencia: las imágenes indigenistas de los indios serranos en el Ecuador”.

            El indigenismo tuvo auge en las artes alrededor de los años 30, y fundamentándose en los ideales de este movimiento, iniciado no sólo en Ecuador sino en la mayoría de países Latinos, el indio se convierte en un tema de interés en otros campos también. Los autores indigenistas de las propuestas que se van a tratar en esta investigación, se dirigieron a comunidades indígenas en los años 30 y 40 para hacer estudios científicos en los que trataron temas de: nutrición, higiene, y anatomía. Es por la intención y técnica empleada que Pablo Arturo Suárez y Antonio Santiana son considerados indigenistas científicos. La intención de los doctores era cambiar la mentalidad que se tenía sobre los indios pero, como plantea Kim Clark, paradójicamente, al tratar de hacerlo, alejaron aún más a la comunidad indígena del resto de la sociedad.

Para descubrir los elementos contradictorios en las propuestas de los indigenistas científicos, es necesario recurrir a las obras hechas por ellos en los años 30, 40 y 50. En el caso de Antonio Santiana, se tomaron los siguientes textos como referencia: “La distribución pilosa como carácter racial: su modalidad en los indios de Imbabura”, “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad”, “Frecuencia y caracteres de la mancha mongólica en los indios ecuatorianos” y “La pilosidad en los indios y mestizos americanos, desarrollo y modalidades de su distribución”. Se analizarán las propuestas del doctor y sus conclusiones, también se han expuesto en el tercer apartado las paradojas encontradas en los textos de ambos autores.

En el caso de Pablo Arturo Suárez se han tomado como referencia los siguientes textos: “Contribución al estudio de la alimentación y nutrición del indio de Otavalo” y “Contribución al estudio de las realidades entre las clases obreras y campesinas del Ecuador”. Antes de buscar las posibles contradicciones que Suárez expone en sus ensayos, tomando en cuenta que es indigenista, es necesario reconocer el aporte del Doctor en términos científicos. Pues gracias a sus investigaciones y planteamientos, afines a resolver algunas problemáticas que afectaban a los indígenas, se desarrollaron algunas campañas para ayudar al indígena de la época. Sin embargo, estos ensayos, a pesar del intento, no cambiaron la visión que se tenía del indígena en la época, y que con los años, lamentablemente, se han ido quedando en el imaginario colectivo de las gentes.

El propósito de esta monografía es mostrar cómo el pensamiento excluyente hacia el indio por parte del mestizo estuvo arraigado hasta en los propios indigenistas, a pesar de que la intención de éstos haya sido incluir al indígena en la sociedad. Sin embargo, cabe recalcar que los elementos encontrados que contradicen al Indigenismo, no resta importancia a los aportes dados por los doctores estudiados.

Dada la época en la que los textos estudiados se publicaron, las imágenes presentadas en éstos son de mala calidad. En los anexos no se distinguen con tanta claridad las fotos, pues no fue posible escanear las mismas; sin embargo, hemos considerado necesario adjuntarlas pues es un material importante para la propuesta presentada.

Investigaciones relacionadas al indígena hechas por Antonio Santiana.-

Antonio Santiana nació en Quito en 1906 y fue médico militar, debido a su profesión sus estudios fueron científicos principalmente.  El indigenista estudió medicina en la Universidad Central y se destacó en la materia de Anatomía Descriptiva, gracias a sus habilidades, en 1931 fue designado Ayudante del Anfiteatro Anatómico por su profesor el Dr. Carlos Pólit. Al graduarse puso un consultorio médico en un buen sector y fue apoyado por el Ministerio de Previsión Social. Gracias a todo lo conseguido fue más fácil estudiar a la población y obtener datos sobre la anatomía de los ciudadanos del país. Sus estudios se centraron en: cráneos, grupos sanguíneos, dentadura, esqueleto, pilosidad, mancha azulada mongólica, órganos internos, peso fetal y morfología general de los indios ecuatorianos. Esta monografía se ha basado en los estudios de los indígenas en cuanto a la pilosidad, su pasado y realidad, y la mancha mongólica.

Uno de los textos del médico se titula “La distribución pilosa como carácter racial: su modalidad en los indios de Imbabura”. Su investigación se centró en esta provincia a causa de la alta población indígena y tomó a 1203 individuos que se encontraban entre los 17 y 100 años. Santiana expresa que uno de los beneficios de hacer su indagación en este sector fue por la pureza racial, pues a causa de la falta de latifundios era menor la probabilidad de mestizaje.

En las descripciones dadas por el autor se conoce que las condiciones en las que los indios vivían eran de pobreza. Las viviendas consistían en chozas de paja, el comercio y agricultura son calificados como primitivos, se dice que el alcoholismo era un problema común, la dieta era inadecuada y además varios individuos andaban descalzos. Algo que también se menciona es el comportamiento del indígena respecto a aquellos que no forman parte de su comunidad: “el indio de esta región se aísla por sí; busca sólo la sociedad de sus hermanos de raza y no quiere saber nada de lo que ocurre en el país. […] En presencia del blanco << es arisco, huraño, dueño de una psicología que podríamos llamar furtiva, […] como a hurtadillas, en sus relaciones con el blanco>>[1]

            Santiana, con sus estudios, observó que en la gran mayoría de indígenas, la distribución pilosa es escasa. En lugares como la frente, mentón, pecho, espalda, barriga y pubis se ve un 41% de población con vello escaso. Sin embargo, el cabello en ambos sexos es abundante, se dice que nadie recuerda haber visto a un indígena calvo. Un factor que se debe destacar, y no sólo en este estudio, es que Santiana hace una investigación racial-comparativa, es decir que lo tratado se ha fundamentado tomando en cuenta las características de otras etnias, no  se ha estudiado al indio independientemente del mestizo o blanco. A causa de comparar al indio con el blanco, Santiana concluye que la distribución pilosa de la comunidad de Imbabura (sea hombre o mujer) corresponde al tipo feminoide de las razas blancas.

En este libro, Santiana concluye que el sistema piloso de los indígenas de este sector es de menor extensión, densidad y volumen. La distribución pilosa se desarrolla como un todo, es decir como una unidad, y aumenta o disminuye independientemente del aumento de edad.

El segundo texto que se ha analizado se titula “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad”. Santiana empieza este libro contando una experiencia personal, expresa la emoción que tuvo al ver un espectáculo de los Fueguinos (pueblo de indios que se extinguió), para luego analizar al indio tomando factores relacionados a los Fueguinos.

Santiana establece cuatro aspectos que se presentan para que un proceso de extinción de un pueblo se dé:

–       Reducción numérica de los individuos que lo integran.

–       Limitación progresiva del espacio que ocupa (arrinconamiento).

–       Descenso biológico.

–       Estancamiento de la cultura y transculturación.

Antes de analizar la situación del indio ecuatoriano respecto a los factores antes propuestos, Santiana expone la dificultad de identificar a un indio, dice: “Indio es, efectivamente, un concepto que está en estrecha relación con factores culturales, lingüísticos, económicos y sociales más que con factores físicos”. [2] Entonces, tomando en cuenta esto, se observa que los indios han llegado en ciertas zonas a formar importantes y compactos núcleos, tales como Imbabura o Chimborazo, mientras que en otros casi se han extinguido, como en Carchi y casi toda la región de la Costa. Según el autor, la población indígena no es tanta como se piensa, dice que esta mala percepción se da porque el territorio que ocupa es mayor en relación a los habitantes. También plantea que se puede descubrir la diferencia de población entre los indígenas y mestizos o “blancos” contando las casas y los integrantes de cada familia; aparentemente, a la vista de Santiana, los indígenas tenían familias menos numerosas que los demás.

El segundo factor que implica la extinción de un pueblo es la limitación del espacio que ocupan, y Santiana hace hincapié en que esto ya ha sucedido. La conquista Incásica y luego la conquista Española han hecho que los aborígenes de estos sectores se alejen y estén obligados a “arrinconarse” pues fueron despojados por los nuevos habitantes aparentemente más fuertes. Las cerámicas descubiertas por los arqueólogos es lo único que queda de las antiguas comunidades establecidas en zonas conocidas como Esmeraldas, Carchi, Manabí, etc.

El descenso biológico es otro elemento que se presenta en la comunidad indígena. El indio ha sido sometido por los blancos y mestizos a hacer un trabajo físico pesado, a causa de esto, siempre se los usó como una herramienta. Los hábitos alimenticios y su deplorable higiene hicieron que su dentadura se destruya, de igual manera su talla descendió y sus extremidades se deformaron a causa del esfuerzo físico que estaban obligados a realizar. En realidad no existe esta supuesta fortaleza física del indio, sino que realizaron trabajos duros forzosamente y por eso su cuerpo sufrió las consecuencias de una adaptación obligada a este tipo de trato. Santiana dice que esto se ve principalmente en los indígenas que trabajan en grandes haciendas como en Chimborazo, pero por otro lado, en Imbabura su físico es diferente pues tienen cierta libertad para trabajar en sus propios sembríos.

Por último, también se puede apreciar el estancamiento de la cultura. El mandato del patrón blanco o mestizo frenó el desarrollo y la repercusión de la cultura del indio en la sociedad. En aquella época el imaginario ecuatoriano, principalmente mestizo, trataba de negar la descendencia indígena y adaptar la española. Santiana dice: “Condenado a la vida instintiva y herramienta de trabajo del agro, el indio perdió progresivamente su afición y su capacidad para la actividad intelectual y artística”.[3]

A través de estos análisis que Santiana quiere demostrar que lo ocurrido con los Fueguinos puede pasar con los indígenas, pues los mismos factores que implicaron la extinción de este pueblo se presentan en la comunidad india ecuatoriana. Sin embargo, se ve que más de cincuenta años después esto no ha ocurrido y los factores antes mencionados han cambiado en varios aspectos.

Santiana realizó un estudio llamado “Frecuencia y caracteres de mancha mongólica en los indios ecuatorianos: Boletín de Informaciones Científicas Nacionales”, donde expone las características de la mancha mongólica en los indios y su percepción sobre ésta. Se muestra que la macha mongólica se presenta en mayor porcentaje en los indios, seguidos por los mestizos y finalmente los blancos con alrededor del 20%. En los mestizos o blancos, generalmente, la mancha desaparece en los primeros años; en los indios puede desaparecer pero también puede quedarse hasta la adultez, especialmente en los hombres. Cuando se preguntó sobre esta mancha a los indígenas se registraron respuestas como: “Tenemos, porque somos indios”, “Porque es así nuestra sangre”, “Porque el marido golpea a la madre cuando está en cinta”, “Dios hace así”, etc. A través de estas respuestas se demuestra que esta mancha es un elemento con el cual la etnia indígena se identifica y reconoce entre sí; sin embargo, no tienen conocimiento de su origen.

Investigaciones relacionadas al indígena hechas por Pablo Arturo Suárez.-

Pablo Arturo Suárez nació en la ciudad de Pelileo, Provincia de Tungurahua, el 31de enero de 1888. En 1900 entró en el seminario menor de Quito, un año después pasó al Colegio San Gabriel donde finalizó sus estudios secundarios. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad Central del Ecuador, recibiendo su título de Médico en 1913. Viajó a Francia  otros países de Europa ejerciendo la profesión como médico rural. Se especializó en Alemania como médico en: Electrocardiología, Higiene, fisioterapia y fisiología. Estas especializaciones en el extranjero le permitieron, a su regreso en el año de 1917, contribuir al país con una serie de investigaciones científicas, sobretodo en estudiar la realidad indígena.

En el ensayo: “Contribución al estudio de la alimentación y nutrición del indio de Otavalo”, Pablo Arturo Suárez hace un estudio sobre las enfermedades comunes entre los indígenas de esta zona. Menciona que la alimentación defectuosa del indígena ha producido algunas enfermedades comunes, pero estas, sin embargo, no sobrepasan los límites de lo que se puede llamar “normal” dentro de una comunidad. Es decir, existen enfermedades causadas por una mala alimentación pero estas son comunes en cualquier sociedad.

Suárez no se limita a hablar sobre la mala alimentación del indígena, sino que habla sobre las características de orden económico- social en esta zona. Al hablar sobre este tema, el Doctor hace una reflexión personal sobre el ambiente en que vive el indígena. Es en este punto donde menciona una visión equívoca del indígena, una especie de reflexión donde se contradice y, a pesar de que es un indigenista, utiliza un vocabulario discriminador para hacer alusión a la forma de vida del campesino. Si bien sus afirmaciones son realistas, es equívoco cuando hace algún comentario sobre las mismas. Por ejemplo: dice que los indígenas no logran superarse, en términos económicos, porque son ociosos. Fundamenta su punto de vista en que los indígenas solamente trabajan de tres a cinco horas al día, y que el resto del tiempo prefieren pasar acostados, descansando o embriagándose. A continuación menciona las condiciones de vida del indígena, describe una asa hecha de paja, en la que el viento entra con facilidad, esto implica humedad dentro de la vivienda, y que carece de instrumentos que faciliten el buen vivir (alimentación y salubridad). También dice que el indígena duerme en condiciones precarias: se acuesta sobre las tablas de su vivienda. El Doctor no persuade que las condiciones de vida ha la que es sometido el indígena, por falta de recursos económicos, obviamente causan efectos negativos en su salud. Al mencionar que el indígena duerme sobre tablas se persuade al lector a imaginar lo que esto implica: deformaciones y dolor en la columna vertebral de cualquier individuo. A pesar de esto, Suárez califica a los indígenas de ociosos y desganados. La respuesta a este supuesto desgano nos la da él mismo al hablar sobre las lamentables condiciones de vida del indígena, sin embargo, Suárez no se persuade de esto.

La visión que refleja Suárez en su ensayo contribuye, e incluso acrecienta, la visión racista que ya se tenía del indígena. Y son aun más sorprendentes los términos que utiliza para hablar de la resistencia física, habla de un indígena infatigable, a pesar de su mala alimentación, que siempre está listo para trabajar, y que si no lo hace es simplemente por ociosidad, es decir, muestra una visión maquinizada del indígena.

Finalmente propone una serie de proyectos que la municipalidad de la ciudad puede aplicar en la zona. Se habla de mejorar la alimentación y las condiciones de vida del indígena. También menciona que el indígena lo que necesita, para mejorar su producción económico, es un apoyo al a la comunidad, este apoyo sería por parte del municipio, y constituiría en la compra directa de productos manufacturados por el indígena.

En su otro texto:   “Contribución al estudio de las realidades entre las clases obreras y campesinas del Ecuador”, se clasifica al indígena en tres grupos: A, B y clase manufacturera. El primer grupo está constituido por jornaleros residentes en campos comunes o haciendas. En este grupo, se describe la vivienda del campesino como rústica y propensa a la humedad, además de antihigiénica, pues los indígenas estaban acostumbrados a convivir con animales, en especial el cuy. Hace referencia a una de sus campañas contra la peste negra en una comunidad indígena, donde organizó la construcción de viviendas para animales. Después de que terminó la campaña y abandonó la comunidad, se enteró que los indígenas regresaron a sus casas a los animales, dejando desocupadas las jaulas para animales. Fundamentándose en esto, Suárez afirma que: “El campesino está fuertemente ligado a las tradiciones; es el enemigo de toda reforma que le haga cambiar de costumbres”[4]. Con este comentario Suárez describe al indígena, sin tomar en cuenta que, al haber sido aislados por cientos de años, el indígena ha desarrollado sus propias costumbres, en la misma cantidad de años. Y cualquier etnia que conserve costumbres por gran tiempo, tiene dificultad para abandonarlas. Es decir, lo mismo hubiera ocurrido en cualquier otra etnia, no sólo en la indígena.

Se habla también del tipo de vestimenta que utilizan, alimentación, la cultura, temperamento del indígena. En estos aspectos Suárez encuentra notables deficiencias: la ropa no es la suficiente para abrigar, el alimento es escaso, en la cultura habla de un indígena con inferioridad espiritual, incluso dice que no conocen el placer. Esta descripción aparenta la total culpabilidad de los indígenas de ser así. Sin embargo, se olvida que esta falta de cuidado personal es causada por el aislamiento y la represión que han sufrido a lo largo de los años.

La clase campesina B está conformada por agricultores libres de terratenientes. Se menciona que las condiciones de vida son aparentemente mejores que las del campesino clase A, sin embargo, la total desatención de la que son víctimas es la misma. Las deudas que contraen no les permiten tener mejores condiciones de vida, y la apatía que se comenta en la anterior “clase” del campesino es más disimulada según el autor.

A pesar de esto, se presentan enfermedades congénitas, probablemente desarrolladas al pasar el tiempo a causa del alto porcentaje de parentescos dentro de la misma comunidad. Esto también sucede en la clase indígena manufacturera que, según Suárez, es la más discriminada y desatendida de la sociedad.

También se presentan fotografías de indígenas en estados deplorables de salud. Las condiciones en las que fueron convenidos para aceptar posar para las fotos no se conocen. Algo lamentable es que se utilice a niños en las fotografías, esto hace que sean impactantes, y tomando en cuenta los derechos del niño ya vigentes en la época (Declaración de Ginebra 1924), apelan a nuestra susceptibilidad. A continuación Suárez explica la naturaleza de una las enfermedades más comunes y mortales de la época: el bocio. Llega a la conclusión, como ya lo mencionamos, que es de carácter hereditario. También se presenta una encuesta sobre la alta mortalidad infantil, no sólo de niños indígenas sino en general. Compara la mortalidad existente en el país con la de países europeos y algunos americanos como Argentina y Brasil. Llega  a la conclusión de que el país es uno de los más altos en el índice de mortalidad infantil.

Presenta encuestas realizadas a madres indígenas, en estas se muestra la cantidad de abortos involuntarios que han tenido. Las cifras son alarmantes, pero lo que más sorprende de este estudio es la visión que Suárez proyecta acerca de la madre indígena. Dice que ellas se alegraban de que sus hijos hayan muerto antes de nacer porque así no tienen más gastos económicos. Es decir, las presenta como desnaturalizadas, cuando tal vez a lo que las indígenas se referían era a que, para las situaciones económicas extremadamente pobres en las que vivían, fue mejor que no hayan nacido, pensando en que una madre siempre quiere o mejor para sus hijos.  Podemos confirmar este planteamiento,  utilizando otra de las afirmaciones de Suárez, en la que decía que las madres indígenas presentaban  vejez prematura producida por la cantidad elevada de partos, se puede decir que ese rápido envejecer de las indígenas era debido a una vida trágica, en la que tuvieron que soportar la pérdida de varios hijos. Sin embargo, la visión de Suárez es muy limitada cuando se refiere a las emociones de las personas.

Final mente propone un listado de proyectos para ayudar a los indígenas, destacándose: el del comedor comunitario, el cual mismo que debe tener normas de sanidad; la ley de salario mínimo, la que regularía el salario del campesino permitiéndole tener una mejor calidad de vida; el de la educación, en el que se propone el cambio en el sistema de enseñanza al indígena, y se tiene la visión, drástica, de que sólo se podrá “salvar” ,de la ignorancia y malas costumbres, a las nuevas generaciones, pues sería imposible tratar de cambiar las costumbres en los indígenas ya adultos.

Paradojas encontradas en el indigenismo planteado por Antonio Santiana y Pablo Arturo Suárez.-

Es evidente que los autores de las propuestas revisadas fueron médicos que trataron de estudiar al indígena de una manera objetiva y científica para incluirlos de alguna manera a la sociedad; sin embargo, se han presentado ciertos elementos que contradicen a la intención de los indigenistas.

En el caso de Antonio Santiana se puede observar una contradicción en los términos usados en sus publicaciones y también en la técnica empleada. En el texto “La distribución pilosa como carácter racial: su modalidad en los indios de Imbabura” se ve que el autor basa sus observaciones en la comparación. En el momento que se estudia la distribución pilosa del indio se lo compara con las razas blancas, enfatizando las diferencias, en lugar de estudiarlos independientemente de los factores influyentes de otras etnias. A pesar de que es posible que se haya hecho un estudio comparativo-racial para una mejor comprensión del tema, se muestran expresiones lingüísticas que tienen una connotación negativa hacia el indio. En este texto se ve: “el gran predominio de la frente infantil, y la evolución lenta, muy lenta, de la pilosidad de la frente hacia la forma viril, a medida que aumenta la edad, lo que sin duda alguna, constituye una característica racial”[5] En este ejemplo se muestra que el hecho de comparar a dos etnias diferentes no se las trata por igual, sino se toma el ejemplo de la raza blanca, ni si quiera la mestiza, para destacar la lentitud de la evolución de la pilosidad, en lugar de dar otra connotación diciendo que en la raza blanca la evolución e la pilosidad es más rápida.

Otro factor en el que se muestra una contradicción entre lo planteado por el indigenismo y los planteamientos de Santiana, radica en la técnica usada. Cuando estudia la distribución pilosa y la mancha mongólica se desconoce cómo el doctor tuvo acceso a estos datos. En dos textos que hablan sobre la pilosidad se ven fotos de hombres desnudos para ilustrar lo planteado. La cuestión radica en que el lector desconoce cómo Santiana convenció a los indígenas de posar desnudos ante una cámara. De igual forma se sabe que al estudiar el vello púbico de la mujer, se fundamentó en la observación de pacientes de consulta particular y hospitales. A pesar de que se conoce la fuente de sus estudios, Santiana no explica la técnica usada para simpatizar con los indígenas de las provincias, y mucho menos la manera en que logró que los individuos posen desnudos ante él.

En el texto de “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad” también se presentan elementos paradójicos al indigenismo. Cuando Santiana habla sobre la equivocada percepción de que existe un alto número de población indígena del país, plantea que se puede ver en las familias o las casas. En este argumento se ve algo contradictorio con la actualidad, pues en general, se tiene una percepción que los indígenas tienen más hijos que los mestizos. Aparte de este factor curioso, al citar: “Después se podría comparar este número (casa de indígenas) con el de blancos que existen en la actualidad en todo el país. Los resultados serían muy significativos”[6], se ve que el doctor tiene una falsa percepción que aquella población que no es indígena es blanca, cuando en realidad la raza blanca seguramente estaba extinta en el país. En el mismo texto se puede tomar palabras del autor al comparar a los indios de Imbabura con los de Chimborazo: “En tanto los indios de Imbabura son alegres, altos, esbeltos e inteligentes, los de Pesillo y del Chimborazo inclinan pesadamente su cuerpo rechoncho hacia la tierra y en su exposición se revela la ley implacable de su existencia”.[7] Aquí se está afirmando que los indígenas de Chimborazo tienen una inteligencia inferior a los de Imbabura; si bien es cierto que las condiciones de vida son peores, no se habla de ningún tipo de prueba que haya medido su inteligencia.

También en la tercera cita: “Condenado a la vida instintiva y herramienta de trabajo del agro, el indio perdió progresivamente su afición y su capacidad para la actividad intelectual y artística”, se está implicando que a causa del maltrato del indígena ellos perdieron su afición y capacidad para la actividad intelectual y artística. Si bien es cierto que las condiciones de vida hicieron prácticamente imposible que el indio se destaque en los campos artísticos o intelectuales, no se puede afirmar que perdieron la capacidad de desarrollarse en estos ámbitos, sino que no tuvieron la oportunidad.

Pablo Arturo Suárez es un indigenista que, paradójicamente, critica mucho al indígena. Una de sus posturas, presente en el ensayo: “Contribución al estudio de la alimentación y nutrición del indio de Otavalo”, era que el indígena, para mejorar su estatus de vida, tenía que trabajar más. Se fundamentaba en la visión que tenía del indio: una persona ociosa y conformista que se limitaba a conseguir dinero, lo suficiente, para sobrevivir. Constantemente utiliza expresiones que reflejan crueldad, por ejemplo: Refiriéndose al indio, “No le gusta trabajar como jornalero; ocasionalmente lo hace, de mala gana, Sólo para proveerse de unos sucres que necesita para una próxima fiesta en que satisface su máxima aspiración, la bebida.”[8] Estas palabras muestran al indígena como un ser totalmente deshumanizado y falto de de anhelos. Al decir que su máximo anhelo es el alcohol, hace que se ahonde esa visión del indígena.

Otra de las contradicciones de Suárez está presente en la forma en que expone sus puntos de vista. Es innegable que Suárez era un médico lúcido al ejercer su profesión. Sin embargo, comete varios errores de percepción. Uno de ellos es cómo, a pesar de reflexionar sobre la forma de vida del indígena, expone su tesis de que el indígena es un ser infatigable, tal cual una máquina, y que por lo tanto debería trabajar más, con el fin de mejorar sus condiciones de vida, en lugar de ser ocioso. Fundamenta esta tesis en las horas laborales que tiene el indígena: 3 a 5 horas. Sin embargo olvida lo que él ha planteado: las deplorables condiciones de vida. No toma en cuenta que dormir en el suelo implica problemas serios en la espalda.

Algo más lamentable es cuando compara al indio, y su forma de vida, con  la de un animal: “La conformidad indolente del indio con su situación, que simula una adopción de la voluntad al ambiente y por tanto, un equilibrio espiritual, es un acto animal, más que un acto volitivo humano.”[9] 

Esta falta de elección en el uso de palabras hace que se reflexione acerca de si en verdad Suárez es un indigenista. En otro de sus textos: “Contribución al estudio de las realidades entre las clases obreras y campesinas del Ecuador”, Suárez hace estudios sobre la realidad del indígena. Menciona el desaseo de los indígenas, la apariencia descuidada, la mala alimentación y descuido de la vestimenta, y las enfermedades genéticas que agraviaban la situación del indígena.

Algo que llama la atención en el estudio de Suárez es que muestra la realidad del indígena tal como es: un ser marginado por la sociedad producto del racismo. Pero nunca se habla de las razones, o de los culpables del aislamiento indígena. Siempre se describe la situación del indio como deplorable, pero nunca se habla de los causantes de esta situación. Lo más lamentable de esto, es cómo el autor  critica la forma de vida del indígena, incluso culpabilizándolo.

Otra de las cosas que llama la atención en Suárez es su excesivo apego a sus investigaciones científicas, que incluso hacen que presente falencias en la percepción de testimonios. Un ejemplo de esto, del que ya se habló, es la visión, que representa en su ensayo, de las madres indígenas. Nunca atina a reflejar la verdadera situación emocional del indígena.

Suárez hace un estudio sobre las causas del brote masivo de bocio endémico en las comunidades indígenas. Para esta investigación procede a tomar fotografías de: familias, niños, adultos con problemas de bocio o retardo mental. Lo que llama la atención es la expresión en el rostro de los indígenas que posaron para las fotos: temor y disgusto. Por esta razón se cuestiona y critica las circunstancias en que los indígenas fueron persuadidos para dejarse tomar las fotos. Otra cosa criticable representa las mediciones antropométricas que Suárez realizó a los indígenas, pues nunca se habla de cómo se logró convencer a los indígenas para que se dejen medir por este aparato.

 Conclusión.-

Luego de haber analizado las propuestas de los dos autores indigenistas y observar ciertas contradicciones en algunas de sus obras, hemos llegado a varias conclusiones. Es evidente que el aporte de Santiana y Suárez tienen gran valor, pues se ha invertido tiempo y trabajo en investigar y hacer observaciones de campo. Sin embargo, creemos que a pesar de que la intención de los doctores sea claramente sincera, su pensamiento se manifiesta en los textos. Es la técnica usada y el mal uso del lenguaje, que muestran al lector un tipo de discriminación por parte de los indigenistas. Si bien su objetivo es estudiar al indígena de manera científica, y de este modo demostrar igualdad para incluirlos en la sociedad, terminan apartándolo más, pues se percibe que en su imaginario no consideraban al indio como su igual.

Aparte de esta conclusión general, también se deben mencionar aspectos relevantes del trabajo. La imagen del estereotipo de indígena se ve arraigado en el pensamiento de los doctores. Ambos, a través de sus observaciones y planteamientos, forman una figura  de indio alcohólico que gasta su salario en emborracharse. En el caso de Pablo Arturo Suárez también se muestra el estereotipo del indio cuando dice que son ociosos, pues se implica que están obligados a trabajar más duro, sin considerar todas las condiciones deplorables en las que viven.

En el imaginario de Santiana se muestra constantemente una percepción equívoca sobre las etnias ecuatorianas. Varias veces se ve el uso de las palabras blanco e indígena, el mestizo se deja de lado. En este mal uso de palabras, se muestra que el doctor, varias veces, se incluye en el grupo “blanco” que probablemente no existía en Ecuador.

Aparte del lenguaje, la técnica empleada también representa una contradicción al planteamiento indigenista. En varias de sus investigaciones fue necesario ver el cuerpo del indio desnudo, sea mujer, hombre o niño. Existen fotografías de indígenas desnudos frente a la cámara, muchas de éstas muestran a la persona con una expresión temerosa o disgustada. Se desconoce las técnicas empleadas para convencer a los indígenas de posar frente a las cámaras o contribuir en su investigación mostrando su cuerpo al desnudo.

A través de las contradicciones encontradas se pone en duda si en realidad los indigenistas científicos, en este caso Antonio Santiana y Pablo Arturo Suárez, fueron realmente indigenistas o sólo científicos interesados en estudiar al indio en varios aspectos. A pesar de plantear su interés por incluir al indígena en la sociedad, en sus investigaciones (técnica y percepciones) existe un evidente irrespeto hacia ellos, por lo tanto, su intención contradice a su práctica.

Bibliografía:

Clark, Kim, “La medida de la diferencia” en: Ecuador racista. Imágenes e identidades, Emma Cervone y Freddy Rivera (ed.), Quito, FLACSO, 1999.

Pérez Pimentel, Rodolfo, ANRONIO SANTIANA BARRIGA, diccionariobiograficoecuador, http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo9/s4.htm, última fecha de revisión: 13-12-2011

Pérez Pimentel, Rodolfo, PABLO ARTURO SUÁREZ VARELA, diccionariobiograficoecuador, http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo17/s5.htm, última fecha de revisión: 13-12-2011

Santiana, Antonio, La distribución pilosa como carácter racial, su modalidad en los indios de Imbabura, Quito, Imprenta de la Universidad Central, 1941

Santiana, Antonio, Pasado y presente del indio ecuatoriano, Una apelación a la sinceridad, Quito, Imprenta de la Universidad Central, 1948

Santiana, Antonio, Frecuencia y caracteres de la mancha mongólica en los indios ecuatorianos: Boletín de Informaciones Científicas Nacionales, Volumen V, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1952

Santiana, Antonio, La pilosidad en los indios y mestizos americanos, Desarrollo y modalidades de su distribución, Quito, Editorial Universitaria, 1958

Suárez, Pablo Arturo, Contribución al estudio de la alimentación y nutrición del indio de Otavalo, Ensayo de estudio práctico de higiene, Quito, Imprenta de la Universidad Central, 1945

Suárez, Pablo Arturo, Contribución al Estudio de las Realidades entre las Clases Obreras y
Campesinas
, Quito, Imprenta de la Universidad Central, 1934


[1] Antonio Santiana, “La distribución pilosa como carácter racial: su modalidad en los indios de Imbabura”, Quito, 1941, p. 9.

[2] Antonio Santiana, “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad”, Quito, 1948, p. 4.

[3] Antonio Santiana, “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad”, Quito, 1948, p. 15.

[4] Pablo Arturo Suárez, “Contribución al estudio de las realidades entre las clases obreras y campesinas del Ecuador”, Quito, 1934,p.39

[5] Antonio Santiana, “La distribución pilosa como carácter racial: su modalidad en los indios de Imbabura”, Quito, 1941, p.21.

[6] Antonio Santiana, “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad”, Quito, 1948, p. 6.

[7] Antonio Santiana, “Pasado y presente del indio ecuatoriano, una apelación a la sinceridad”, Quito, 1948, p.10.

[8] Pablo Arturo Suárez, “Contribución al estudio de la alimentación y nutrición del indio de Otavalo”, Quito, 1945,p.38

[9] Pablo Arturo Suárez, “Contribución al estudio de la alimentación y nutrición del indio de Otavalo”, Quito, 1945,p.38

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s